
El café de Chiapas es reconocido a nivel mundial por su calidad y sabor único. Sin embargo, detrás de cada taza hay una realidad compleja: la explotación del producto y el poco valor que se le da dentro del propio estado.

En comunidades chiapanecas, familias enteras se dedican a la producción y comercialización del café, trabajando largas jornadas en los cafetales, pero recibiendo apenas una fracción de lo que vale en el mercado internacional.
Mientras en el extranjero el café chiapaneco es catalogado como gourmet, dentro de su propio lugar de origen muchas veces no se reconoce el esfuerzo de los productores ni se paga el valor real de su trabajo.
A pesar de estas dificultades, han surgido cooperativas y proyectos comunitarios que buscan dar un precio justo al grano, fomentar el consumo local y preservar esta tradición agrícola que forma parte de la identidad chiapaneca.

























