
En el Parque Central de Tuxtla Gutiérrez, además del calor y la vida cotidiana, hoy se respira un aroma distinto: el de los pastelitos y tequeños venezolanos, una tradición culinaria que ha cruzado fronteras para hacerse un lugar en la capital chiapaneca.

Hombres y mujeres que salieron de su país en busca de mejores oportunidades, encontraron en la cocina una manera de sostenerse y de compartir un pedazo de su tierra con los tuxtlecos.
Los pastelitos venezolanos, de masa crujiente y rellenos de carne o queso, son una de las recetas más solicitadas por sus paisanos y quienes se atreven a probarlos. Con ellos, no solo se satisface el apetito, también se teje un puente cultural entre dos pueblos.
Este oficio ha representado una oportunidad laboral para quienes en su proceso han echado raíces en Chiapas. Invitaron a probarlos y aventurarse por estos nuevos sabores.

























