El 11 de agosto de 1892 se dio un hecho histórico marcó para siempre el rumbo de Chiapas: el traslado de los poderes del estado a Tuxtla Gutiérrez. Una decisión que desató debates, transformó la economía y vida social, y definió la identidad de la capital que hoy conocemos.
Con la llegada de los poderes, Tuxtla comenzó un rápido proceso de modernización: nuevas oficinas gubernamentales, comercio en expansión y llegada de familias de otras regiones. El valle, antes tranquilo, se convirtió en el centro político y económico del estado.
El cambio respondió a razones políticas, económicas y geográficas. Tuxtla, situada en un valle más accesible, ofrecía ventajas para la administración.
Más de 130 años después, Tuxtla Gutiérrez sigue siendo el corazón político de Chiapas. Una ciudad moldeada por aquel decreto de 1892, con luces y sombras que forman parte de su historia. El traslado de poderes no solo cambió de lugar la capital: cambió para siempre el destino de Chiapas.

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