
Cuatro años después, el taponamiento en esteros como Chocohuital sigue “en estudio”. La falta de flujo afecta la pesca, genera olores fétidos y pone en riesgo el sustento local. Las autoridades permiten que “hay varios puntos” pendientes por atender.
El taponamiento de bocabarra en esteros como Chocohuital , en la región Costa de Chiapas, continúa sin solución definitiva cuatro años después de haber sido documentado por Alerta Chiapas . Pese a los efectos visibles en el medio ambiente, la pesca y la salud comunitaria, las autoridades mantienen el caso “en estudio”, sin una intervención integral de fondo.
En mayo de 2021, pobladores denunciaron que el flujo de agua entre los esteros y el mar había sido interrumpido, provocando pérdida del nivel natural del agua, olores fétidos y alteraciones del ecosistema marino. Desde entonces, los propios pescadores organizan brigadas improvisadas para desazolvar los canales. “Nos turnamos porque no tenemos demasiadas palas”, relataron en su momento.
A la fecha, la situación persiste. “Lo correcto es hacer un estudio profundo y estamos trabajando de la mano con la CONAP y CONAGUA para no dar paliativos que solo duren tres o cuatro años”, reconoció Mauricio Cordero Rodríguez, secretario de Protección Civil, en entrevista reciente. Señaló que una barra importante ya fue liberada en coordinación con la Secretaría de Marina, pero admitió que hay al menos “dos o tres más” sin intervención.
De acuerdo con el funcionario, los taponamientos fueron provocados por fenómenos meteorológicos como el huracán Stan, cuyos deslaves arrastraron material que bloqueó las bocas de agua. “Tenemos barras en Pijijiapan, cerca de Tonalá, y también en zonas más pegadas a Huixla; vamos atendiendo según la prioridad y la gravedad del taponamiento”, explicó.
La falta de conexión entre el mar y los esteros altera gravemente el equilibrio ecológico. El agua se torna opaca, se estanca y pierde su capacidad de regeneración, lo que afecta la reproducción de especies marinas y pone en riesgo el sustento de las comunidades ribereñas: la pesca artesanal.
Mientras tanto, las promesas de soluciones estructurales se repiten cada año, pero el entorno sigue deteriorándose. “Queremos una respuesta real. Ya no podemos vivir entre el olor a podredumbre y la incertidumbre económica”, reclamó uno de los pescadores de Chocohuital .















