
Destrucción ambiental y pérdida de tierras en el ejido San Francisco
En lo alto de San Francisco, una colonia del ejido Copoya, la naturaleza agoniza bajo el avance de la minería. Lo que antes fue un refugio de árboles nativos y ranchos productivos, hoy es un paisaje cubierto de polvo, donde el aire pesa y la tierra ha dejado de dar frutos.
El impacto en la vida de los habitantes
Para don Robelo Gutiérrez, dueño del rancho “El Manguito”, la transformación de su tierra ha sido devastadora. “Antes aquí pastaban mis animales, la tierra era fértil. Hoy todo está seco, agrietado”, lamenta mientras observa su propiedad, ahora reducida a un suelo árido e inhabitable.
Minería a gran escala
Imágenes satelitales revelan la presencia de al menos nueve bancos de extracción de piedra, activos desde hace años. La explotación desmedida ha cambiado el ecosistema de la zona, afectando la calidad del aire, la vegetación y la vida de quienes han habitado estas tierras por generaciones.
Entre el desarraigo y la resistencia
A pesar del deterioro ambiental, don Robelo sigue aferrado a su rancho. La minería ha convertido su hogar en un territorio inhóspito, pero vender su tierra no es una opción. “Es mi hogar, aquí crecí, aquí están mis recuerdos”, dice con nostalgia.
El avance de la minería en Copoya es una herida que sigue abierta, una lucha silenciosa entre el desarrollo económico y la conservación de la tierra que por siglos ha sido sustento de sus habitantes.

















