Ofrece visión de seguridad y justicia con sentido humano; el Congreso del Estado de Quintana Roo eligió este lunes al chiapaneco Raciel López Salazar como fiscal general.

El chiapaneco Raciel López Salazar será por 9 años el fiscal general del Estado de Quintana Roo, a partir de este lunes y hasta el 16 de julio del 2032.

Raciel López Salazar, de mafioso a nuevo fiscal

Apenas a finales de junio pasado, la gobernadora Mara Lezama manifestó al tonalteco en el cargo de manera interna, mientras convocaba a legisladores de esta entidad a evaluar los perfiles y escoger al “idóneo”.

Ahora, el chiapaneco estará a cargo de la impartición de la justicia en Quintana Roo, pese a los señalamientos por los que salió mal parado de la Secretaría de Seguridad del estado Puebla, durante el gobierno de Miguel Barbosa, quien lo calificó de mafioso, “una mafia, resultaron una mafia, el jefe de la mafia”.

Otra de Raciel en su paso por Puebla

“Estoy seguro de un nuevo y renovado impulso en la actuación de la Fiscalía General del Estado a partir de la refundación y reorganización absoluta”, prometió López Salazar al comparar en la cuarta sesión del tercer período extraordinario.

Junto a él estuvieron en la terna Ana Elizabeth Duk Hoy y Carlos Alberto Montesinos García, quienes no obtuvieron un solo de los 23 votos que fueron directamente a Raciel, quien ahí mismo rindió protesta.

Velasco, tras designación de Raciel como fiscal

“Estoy sumado a los esfuerzos que día a día realiza el Grupo de Coordinación Para la Construcción de la Paz en Quintana Roo, de manera proactiva, tal y como lo he realizado las 24 horas de los 365 días en mis más de 35 años de servicio público en áreas de seguridad y procuración de justicia”, aseguró el tonalteco.

Sin embargo, para los chiapanecos viene a memoria sus vínculos con el aspirante a presidente de la República, Manuel Velasco Coello, y al cónsul de Orlando, Juan Sabines Guerrero, ambos exgobernadores de Chiapas.

También viene a la memoria su presunta participación en la creación del llamado “pueblito”, al interior del Centro de Reinserción Social de San Miguel, en Puebla, donde había de todo, hasta espacios que servían de prostíbulo para los internos.

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