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La venta de dulces tradicionales, es el sustento de familias completas

Aunque muchas de las vendedoras son proveedoras en sus hogares y tienen a cargo a sus hijos, difícilmente tienen acceso a programas de apoyo.

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.- Chilacayote, camote, chimbo, tartaleta envinada, los pastelitos rellenos de frutas y demás delicias se pueden observar y degustar en el Mercado de Dulces y Artesanías, ubicado sobre la Avenida Insurgentes, del Barrio de Santa Lucía en el municipio de San Cristóbal de Las Casas.

La señora Anita Gómez López es de origen tseltal y desde hace más de treinta y cinco años llegó a San Cristóbal; elabora dulces tradicionales, mismos que vende en uno de los principales mercados de la ciudad.

 

Es locataria del Mercado de Dulces y Artesanías desde hace más de veinte años, aprendió a hacer una variedad de dulces gracias a un curso que tomó y cuenta que los manjares antes mencionados son los que más se venden pues son los típicos y que, además, no tienen comparación con otros dulces que se encuentran a lo largo y ancho del país.

“Los dulces de aquí son hechos en casa y son más saludables, porque no tienen ningún químico… Por ejemplo, en otros lugares venden cocadas pero, nunca es igual el sabor. Muchos turistas dicen que comen en otros lados la cocada pero, siempre cambia por el sabor, siempre es diferente. Los turistas dicen que nos sacamos el primer lugar en los dulces.”

 

Doña Anita cuenta que hay dulces que se mandan a hacer porque el proceso de elaboración es más laborioso y tardado, como los dulces de yema. Agregó que durante la pandemia todo fue muy complicado, pues muchos de sus dulces no se vendieron al verse en la necesidad de cerrar su local por ocho meses y que apenas se está recuperando económicamente.

“Cuando empezó la pandemia, la verdad fue un gran proceso para mí porque de este negocio vivo, saco adelante a mi familia, mis hijos, tengo responsabilidades, soy madre soltera desde hace dieciocho años. Perdí una fuerte cantidad de productos que no se pudieron vender.”

 

Dijo que sentía la necesidad de cuidar a su familia, a sus hijos y nietos, pues temía por la salud de ellos. Sin embargo, por fortuna hubo personas que le apoyaron y la procuraron para mantenerse.

 

“Le busqué, me puse a trabajar en otras áreas, como vender comida e las calles. Aunque sea cincuenta y ochenta pesos que vendía al día, para mí era una bendición, ya era una ganancia. Gracias a Dios pude salir adelante.”

 

Finalmente reflexionó que muchas de las mujeres que son proveedoras en sus hogares y que están a cargo de sus hijos, difícilmente tienen acceso a programas de apoyo.

 

“Mucha gente dice ‘apoyo a las madres solteras’ y no, nunca llega a las manos de las madres solteras, porque estamos trabajando en esos momentos cuando pasan de casa en casa, no tenemos tiempo tampoco para ir a solicitar. Nunca nos toca nada.”

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