in

Enfrentar el cáncer sin quimioterapias

Para la familia Gómez Argüello saber del diagnóstico de su hijo de nueve años fue difícil, pero lo es más el saber que no hay medicamentos para las quimioterapias

Samuel Revueltas

Hace siete meses la vida para la familia Gómez Argüello cambió, cambió cuando les informaron que al pequeño Axel, el hermano de en medio tenía leucemia lifoblástica aguda, desde ese momento empezó su tratamiento en el Hospital de Especialidades Pediátricas.

Mientras marcha con rumbo a la Diana Cazadora, con una pancarta a dos manos, lamenta que la mitad de este tiempo ha tenido problemas con el suministro de los medicamentos necesarios para la práctica de las quimioterapias.

Axel va a su lado, con gorra, cubrebocas y un globo; le tocó marchar con su mamá y su papá, quien también sostiene una pancarta y lanza consignas.

La señora Argüello habla de la periodicidad de las quimioterapias, le preocupa porque deben ser constantes, cada semana y ahora se enfrentan con la situación de que no hay, ha venido en efecto bola de nieve, cada semana se agudiza: no hay, no hay y no hay.

“Como papás estamos desesperados, preocupados por la situación porque no sabemos qué le va a pasar a nuestros niños, ellos tienen derecho a vivir; el cáncer no espera, tienen que llevar consecutivo su tratamiento”.

Axel va en la semana 17 de tratamiento, el cual no ha recibido de manera completa; hay semanas en las que llegan por cuatro quimioterapias, por tres, por una; le ha tocado momentos que por procedimiento debe recibir cuatro, pero se va solo con una.

“Los médicos no tienen la culpa, hacen lo humanamente posible; tampoco las enfermeras y enfermeros de quimio”.

Tuvieron que protestar, sacar las mantas y las pancartas; fueron más allá, se armaron de valor y marcharon, fue una vuelta pero muy significativa, se fueron a la Diana Cazadora y regresaron al Hospital.

Encontraron en la protesta un método para hacerse escuchar; hay padres y madres que desde hace un año enfrentan la falta de medicamentos, ellos llevan siete meses y la mitad de sufrir la angustia.

No llegaron todos los que debían protestar, muchos estaban atendiendo sus asuntos personales, en laboratorios por los estudios de rutinas de sus hijos e hijas, descansando a sus menores porque no todos pueden salir; sin embargo llegó un grupo que habló por todos, porque todos deseaban alzar la voz.

Axel tiene nueve años, sabe de su padecimiento y no ha sido fácil el saber que tiene cáncer; aceptó el diagnóstico, ha estado triste, ha cambiado porque ha dejado de ir a la escuela independientemente por la pandemia, dejó de hacerlo por su condición antes de que el virus acechara a Chiapas.

También ha dejado de comer su comida favorita, por eso es triste para él y al enterarse de la condición de falta de medicamentos, también se logra entera y se preocupa.

Para la familia, han sido momentos de incertidumbre y miedo luego de conocer el resultado de leucemia, lo cual se ha venido a agudizar por la falta de medicamentos, porque el comprarlos es costoso, lo cual hasta el momento no han tenido que hacer porque el desabasto alcanza las farmacias.

Casi llegando a la Diana, pidió a las autoridades de salud que gestionen las soluciones, que se pongan la mano en el corazón.