Postrado somete la adversidad sobre la Avenida Central de Tuxtla Gutiérrez

Óscar Gutiérrez /Alerta Chiapas.

Las pupilas de “Cristal” se expanden y abarcan la diaria vitalidad de los transeúntes del centro de Tuxtla Gutiérrez. Con ellos engarza palabras y coloquios como testimonios de lucha y ensueños. El payaso de las incesantes luchas y expresiones es el símbolo más visible de la resistencia y la resiliencia en la capital de Chiapas.

En su enjuto cuerpo empotrado a una silla de ruedas, a la cual la sentenció hace 31 años la artritis reumatoide, José Juan Durantes Mendoza, nacido el 28 de octubre de 1975 en la colonia 1º de Mayo del municipio de Villacorzo, se muestra ataviado con los ropajes que las tantas caracterizaciones de sus personajes demandan.

“Cristal” es un águila pétrea. El probable azar amordazó sus alas, replegó sus garras, atenazó su cabeza, mas no consiguió inmovilizar sus ojos ni su lengua, con los cuales parla y, casi vaticina presentes y futuros.

La concurrencia gira en torno suyo. Con todos conversa, bien para intercambiar el habitual saludo, recibir la moneda solidaria que depositan en el recipiente que guarda su regazo, pero también para que el payaso transmita aliento con su paradójica fortaleza sobre asuntos laborales, vocacionales o cuitas del corazón que carcomen a los amantes.

EN SILLA DE RUEDAS, “CRISTAL” RESISTE A LA VIDA EN SOLIDARIDAD

Lo real es que “Cristal” cuando niño, de la mano de su extinta madre- fallecida de una extraña enfermedad cuando el payaso tenía 18 años, su padre vive aún y le llama con frecuencia al celular- quería ser contador público y viajar por el mundo para conocer, conversar y que supieran de él. Que supieran que es de carne y huesos. Ahora más huesos (los cuales se le contrajeron para que el árbol que representa posea raíces más potentes).

De frágil no tiene nada, excepto cuando requiere ayuda para vestirse, comer, ir al baño, treparse al Conejobus adaptado y a la motocicleta también adaptada para su humanidad – pájaro agazapado en petrificado vuelo material, en la cual cada mañana lo transporta de la colonia Ruíz Ferro a la parada del autobús su hermano y ayudantía sanguínea Víctor Abel, en cuya casa habita hace un año.

La fuerza del payaso que vive con majestuosa dignidad compartiendo sus palabras, sus consejos y consejas con los peatones, como también como lo hace con sus espectáculos, que en compañía de colegas circenses ofrece en giras fuera de la capital de Chiapas, se atesora en sus ojos que observan con la agudeza de una serpiente de oráculos milenarios . La fuerza gravita también en su lengua parlante que condensa, lo mismo palabras para la necesaria cotidiana esperanza que para los inevitables exterminios.

Diario salgo a la guerra.

Tengo que salir muy temprano, en la madrugada ya preparado Ya estoy levantado, y maquillándome. Siempre enfrento las adversidades de esa manera. Adversidades siempre habrá, de una u otra manera; tenemos en común los problemas, no podemos tomar como excusa los problemas y hacerlos conflictos de otros.

Lo de “Cristal” se le acomodó no porque refleje debilidad o vulnerabilidad. Es más ni siquiera podría tomársele como un seudónimo, sino como uno de sus tantos nombres que podría poseer para abrirse de capa y espada y combatir en el coliseo del mundo con el tesón del estudio, el “análisis”, mucho trabajo y perseverancia.

Como payaso me puse “Cristal”.

Trato de ser transparente para que la gente vea cómo soy; mi fragilidad es sólo física porque dependo de algún familiar o amigo, aunque con la ayuda de una varita consigo maquillarme para mi personaje principal “Cristal” u otras caracterizaciones como El Chavo, El Costeño y El Pichi, El Negro Pepe, E Indio Anselmo y El Mota.

Curiosamente un día el sobrenombre “Cristal” pareció encontrar un reflejo de la condición vulnerable que algunos pudieran ver en mí. Un estudiante de medicina, que pasó a saludarme en compañía de sus condiscípulos, al ver una formación ósea resaltada en mis manos dijo: mira el cristal en dorso de manos, pues así se le llama a la sustancia artrítica que deforma al cristalizarse.

Casi nada impide a Durantes Mendoza la consumación de sus afanes y afinidades. En público nada turba su ánimo, ni siquiera imaginarios últimos galopes del jinete ni la corneta final del Apocalipsis, sobre lo cual estudia en su Biblia – es cristiano pentecostal ; acude cada domingo al servicio de culto y adoración , por tanto, ese día descansa y acude al templo-iglesia, algunas ocasiones va al cine o come camarones, uno de sus platillos predilectos.

Al alba “Cristal” ensaya su código de guerra que convoca a la paz y la abundancia. Reglas que sostienen su disciplina de supervivencia. Mandatos concretos, firmes y tan duros y compactos como el muro-pared de la tienda Baygam-centro, que lo cobija de siete de la mañana a cinco de la tarde cuando deja el bullicio y vuelve a casa.

Retorna para estar bajo techo, descansar y soñar y mudar en niño, que en el ensueño vuelve al útero materno, esa inexplicable oquedad de amor que en silencio atemporal construye cartílagos, reparte huesos, alas, pasos que conjunta con la sangre para que todo fluya, transite y vaya por el mundo.

Cuando veo las marchas, digo, si yo me pusiera a ver las marchas perdería mucho tiempo, no puedo darme el lujo de perder el tiempo porque la vida es muy corta. Entonces yo tengo que combatir por mí mismo. Y al ver que yo combato las adversidades de la vida, sin echarle la carga al otro, esas mismas personas me van a ayudar sin necesidad de ponerle el pie al de frente para que caiga y me volteen a ver
Siempre habrá manera de hacer que las personas volteen a mí. En este caso, compartir mi vida Me gusta que la gente me conozca, y a mí conocer a las personas escucharlas para conocerlas, lo que está detrás de unos ojos bonitos, de unos trapos finos y unos zapatos elegantes.

En el Muro de Baygam, que no de Las Lamentaciones, “Cristal” conquista cada centímetro y minuto de su territorio emocional y afectivo. Lo hace a ritmo y cadencia verbal en diálogos que surcan la política, la economía, la sociedad y la cultura que no escapan a su comentario mordaz y picante, ya entrado en confianza.

Borda el tapiz con su trato amable. Abre saludos y bienaventuranzas que brotan de sus labios del juglar que soñó encarnar para deambular y compartir las incógnitas y los alumbramientos de las ideas.

Su aspecto. La roca y el pedernal arrojadizo en que la adversidad lo ha plasmado, no repele sino concita al encuentro y la convivencia. Un breve buen día, qué tal, hola “Cristal”. La palmada en el hombro, o la charla tendida cierran el circuito del éxito.

No me gusta ser monótono, sino dinámico para hablar con la gente. Mi cuerpo es un caparazón sin movimiento físico, pero mi mente está alerta, muy rápida como internet. Es como una biblioteca que se organiza con el conocimiento y las experiencias adquiridos.
Las tardes de este otoño el frío hurga la piel y el sentimiento. Con el viento que revolotea en la esquina y su muro -pared de la tienda d solidaria e incluyente, “Cristal” viaja en los tranvías del recuerdo. Lo llevan a la casa paterna abrigadora con sus seis hermanos, un varón y cinco mujeres-una de ellas fallecida cuando niña- .

En el laberinto del tiempo recorre su infancia feliz y gozosa en la Frailesca donde corría tras el balón y trotaba polvorientos caminos. La tragedia lo para en seco a sus 15 años cuando la artritis reumatoide detuvo su carrera. Lo ató al suelo, al centro de la tierra y de los letargos.

Dos años después, la cosa fue peor. Invisibles faunos amarraron sus brazos. Le dejaron apenas leves movimientos de manos y dedos con los cuales se ha bastado para accionar su teléfono portátil para comunicarse con amigos y familiares, para adentrarse al mundo virtual y real.

Lo de la silla eléctrica de ruedas es también gajo de un agridulce memorial con actualidad satisfactoria. Lo adquirió por 28 mil pesos que le facilitó uno de sus cuñados .El placer le duró semanas. Un auto lo atropelló. Destrozó el aparato y desmadejó al payaso humorista, pero no logró arrebatarle la vida.

El tesonero “Cristal” tuvo un encuentro posterior. Fue con otro político, también sometido al escrutinio y la crítica ciudadana el que sí le cumplió y le donó la silla eléctrica de ruedas.

 

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