La reunión con los abuelos se dio, aunque dejó muy tristes a sus padres, amigos y demás familiares. Julio de tan sólo 15 años ya no supo que se sentía ser mayor de edad, aprender a manejar y conocer el primer amor, murió de cáncer.

No hubo confrontación contra la muerte, siempre estuvo consciente de que el fin llegaría, pero quienes necesitarían una atención especial serían sus padres, quienes no querían desprenderse de él.

No queríamos regalarle a la muerte la vida de mi hijo”, acotó su madre, Flor Acosta, quien hoy en día aprende a vivir con la ausencia de Julio, tras cinco años de su partida.
La tanatología fue de gran ayuda, ya que durante la fase terminal de Julio, doña Flor fue atendida por especialistas, quienes le hicieron ver que la muerte es algo natural y seguro en la vida.

“Entendimos que el ser humano le tiene miedo a la muerte por desconocer que hay más allá, pero el creer en un ser supremo nos ayuda a reconfortarnos un poco”.

Por su parte, el tanatólogo del Hospital Regional de Tuxtla Gutiérrez, Orlando Ruíz detalló que esta disciplina estudia el fenómeno de la muerte desde varias perspectivas: humanista, religiosa y espiritual.

Detalló, que quienes mejor afrontan la muerte son los niños, ya que el vivir en un mundo de fantasía, ellos se entusiasman en su mayoría, volver a ver a sus abuelos.
Indicó que las personas con las que más se dificulta hablar sobre el tema es con los adultos que no profesan algún tipo de religión, temen más a morir sin saber quien está en el más “allá”.

Aunque parezca increíble, dijo, los adultos cuando saben que le queda poco tiempo de vida, recienten más con las cosas materiales, como su carro, casas y terrenos.

Cuando asimilan que van a morir, se dan cuenta de que sus familiares quedarán tristes, de que a lo mejor no disfruto a su pareja, hijos, madre y amigos, lo cual puede sumirlos en la depresión”.

El especialista enfatizó que en este proceso de preparación para la muerte, se unen los psicólogos, psiquiatras, enfermeras, trabajadoras sociales, médicos especialistas y el tanatólogo.

Por su parte, la psicóloga Carolina Galdamez reiteró que una vez que muere una persona, el integrante de la familia que más apegado estuvo con “él que se fue” sufre una fuerte depresión.

Resaltó que han existido casos de madres que a diario visitan el panteón para llevarles flores, en su mayoría por las culpas que quedan de no haberlo brindado todo el tiempo.
“Esto es normal, los padres no están preparados para enterrar a uno de sus hijos, no existe un tiempo fijo para vivir el duelo. Cada cual necesitará su tiempo”.

Aseveró que los familiares deben de tener una atención psicológica, ya que un duelo inadecuado puede entorpecer la dinámica familiar, ya que si los sentimientos no se expresan abiertamente, se pueden producir diferentes tipos de conductas, que sirven como equivalentes del duelo.

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