Un corazón como el de Carlitos

Tenía tan solo 13 días de nacido cuándo tuvo que ser operado a corazón abierto para que pudiera llegar suficiente oxígeno a los pulmones, ya que no tenía el grosor normal de un bebé, que es de seis milímetros y la de él era de un milímetro. Le habían detectado conexión anómala de las venas pulmonares de variedad supra cardíaca.

De no haberlo operado, con su crecimiento fuera del útero, la cantidad de la sangre oxigenada para los pulmones iba a ser insuficiente y tener un fallo respiratorio, en el peor de los casos, sí le daba una gripe, el porcentaje de supervivencia hubiera sido mínima.

Carlitos tiene actualmente seis años de edad y lleva una cirugía a corazón abierto, dos cateterismos y constantes visitas de monitoreo de cada cinco meses a Centro Médico Siglo XXI en la Ciudad de México.

A partir de los siete meses de edad, acudió al Centro de Rehabilitación e Inclusión Infantil (CRIT) para sus terapias de estimulación temprana y multisensorial, con ello descartar cualquier daño neurológico por el procedimiento de la cirugía, pues había que dejar fuera posibles daños neurológicos.

Las recomendaciones eran no exponerlo a emociones intensas, exceso de actividades físicas de alto rendimiento, checar constantemente su coloración, alimentación sana y ser muy puntual con los medicamentos preinscritos.

También cuidarlo de las enfermedades de las vías respiratorias y tener paciencia durante su crecimiento, ya que no sería como la de un niño de su edad. Tiene la talla, peso y altura de un niño de cuatro años.

Por su edad, no sabe lo importante que es cumplir con todos los requisitos de cuidado. Vive su vida intensamente y rompió todas las expectativas de los doctores y de su propia mamá.

Actualmente, es el único niño que acude a las clases de ballet del Centro Cultural de Chiapas “Jaime Sabines”, corre de manera rápida sin importarle que su corazón palpite a mil por hora.

Es fanático de la música de orquesta y lucha de cierto modo contra el bullyng escolar por ser un niño de altura y peso menor a dos años de su edad. ¡Yo ya soy un niño grande!

Carlitos es una muestra más de que los niños tienen más arraigada las ilusiones, se niegan a tener derrotas pese a permanecer en una cama de hospital, tienen anhelos de vivir, jugar, triunfar y hacer sus sueños realidad.

Hoy su risa contagia a diario la oficina de su mamá con sus ocurrencias, con la alegría de saber que subió y creció más a comparación de hace algunos meses y ser un ejemplo de su poder de lucha.

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