La Concordia: un pueblo con doble historia y 43 años bajo el agua #Chiapas

Hay ciudades fantasma, hay pueblos abandonados, y hay también ciudades bajo el agua. En Chiapas hay una, que tiene más de 15 años no salía a la superficie, y es la oportunidad perfecta para viajar al pasado.

 

Se trata de la Vieja Concordia, ubicada a dos horas y media de la capital chiapaneca, a la que sus habitantes recuerdan algunos con cariño, otros con nostalgia, otros con recelo, ya que no pudieron seguir viviendo ahí.

En 1974, la liberación de la presa La Angostura provocó que la población tuviera que reubicarse a un lugar más alto, proceso que se pudo realizar aún por tierra, antes de que subiera el nivel del agua… muebles, colchones, mascotas, plantas. Todo fue movido a un nuevo lugar.

 

Aunque la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y el gobierno apoyaron a la gente para construirse una nueva casa, muchos se rehusaban al cambio, sus costumbres, sus hábitos y su vida entera estaban ahí, en donde siempre habían vivido.

 

Ese pueblo, el de la Vieja Concordia, vivía de la extracción de sal de las minas, entre madera, piedra y cal, así como del cultivo de maíz, frijol y otras hortalizas. Hasta sus actividades de sustento cambiaron con la reubicación, dedicándose principalmente a la pesca.

Una vez que soltaron la presa, ya todos estaban del otro lado, adaptándose, empezando de cero. Hubo quienes pidieron se les respetara la ubicación original de sus viviendas, pues se trató de reproducir el centro, sobre todo el parque, la ubicación del Ayuntamiento, lo más representativo.

 

La diferencia, era que había más caminos, más calles pavimentadas, todo era más amplio y moderno, pero a la vez, no se sentían como en casa, les faltaba la libertad de tener a sus animales en el patio, de sacarlos a la calle, y de un ritmo de vida ya marcado de por sí.

 

Esto, aunado a que llegaron a vivir ahí también lo que antes eran otras rancherías esparcidas, abarcando mayor extensión y perdiéndose el saludo de los vecinos habituales, pues a muchos les tocó irse a otros lados.

La Nueva Concordia es vigilada por dos santos: el Cristo Pescador, que los cuida desde lo alto de un cerro en la entrada, y el Señor de la Misericordia, su patrón, al que trasladan a la vieja ciudad cuando baja el agua, cada 15 años aproximadamente.

 

Es una figura sumamente importante para ellos, por lo que la llevan así como se la trajeron, entre rezos, peregrinaciones y ofrendas, aunque cada barrio ya tenga su santo propio.

 

Este fenómeno de la subida y bajada del agua, es impresionante: en época normal, el agua rebasa hasta por 20 metros la antigua iglesia, y cuando baja, se puede ver donde estaba la iglesia principal, una rotonda muy parecida a la de la Concordia actual, el panteón y algunas casas.

 

Visitantes de otros estados y otros municipios acuden a ver, a pisar con sus propias suelas esos lugares antes sumergidos, pero sobre todo los antiguos concordeños, que quieren ver dónde vivían sus abuelos, dónde estaba la escuela en la que estudiaron, o le muestran a sus hijos en dónde pasaron su infancia.

 

Ya han pasado 43 años desde que se mudaron, sin embargo el recuerdo sigue fresco en su mente, y en su corazón. Para algunos, la historia de La Concordia se divide en la vieja y la nueva, y para otros, es una misma.