Junto a 15 mujeres más fortalecen la producción de maíz en la Frailesca.

Sandra Luz Grajales Cuesta es profesora de profesión, pero desde hace cinco años también es productora de maíz en Villa Corzo, un oficio dominado tradicionalmente por hombres.

“Yo tengo una licenciatura, sí, soy profesora, pero desafortunadamente no para todos hay trabajo en esta temporada. Entonces nosotros como mujeres, más que nada, tratamos de ver dónde generar ingresos”, señaló.

Cuenta que la falta de trabajo en su área la llevó a buscar otras formas de generar ingresos para su familia, y encontró en el campo, un terreno que su padre le enseñó a trabajar desde niña, una actividad que describe como sana y satisfactoria.

“Aprovechando, se arrendó unos terrenitos, ya llevo cinco años como productora y me gustó, me gustó el trabajo del maíz porque es un trabajo muy sano”, dijo.

Entrar a un sector dominado principalmente por los hombres no fue sencillo: el primer obstáculo, dice, fue la economía.

Muchas mujeres de su comunidad prefirieron migrar a otras ciudades en busca de mejores oportunidades, pero Sandra Luz decidió quedarse, arrendar un terreno y trabajarlo junto a su esposo.

“Muchas compañeras mías han ido fuera, han salido de la ciudad, se han ido en extranjero, se han ido a Monterrey porque allá generan ellos un buen empleo, tienen un buen negocio. Pero mira, yo, mi papacito lindo, que en paz descanse, desde pequeña me preparó. Me preparó el escenario campesino, me preparó a trabajar la tierra, me enseñó a cómo trabajarla”, narró.

Poco a poco, cosecha tras cosecha, pasó de producir cantidades pequeñas a entregar hasta 15 toneladas de maíz, lo que sorprendió a sus compañeros productores.

“La verdad, pues, se sorprenden, se sorprenden que como una mujercita viene y entrega de 10, 15 toneladas y dicen, bueno, tú cómo le has hecho. Pues, ahora sí que empezamos de poquito, de poquito, de poquito. Y año con año, gracias a Dios, vamos incrementando”, expresó.

El camino no ha estado libre de tristezas: este año, la sequía ha secado buena parte de sus milpas y le ha hecho temer perder la inversión hecha en la siembra.

“Desafortunadamente, mira, este año estamos, sí, tristes. Estamos muy tristes. Si tú haces es el recorrido a las parcelas donde se trabaja, hay muchos milpas ya que están muy secas por el agua. Pero ni con quién pelear, ¿no? Porque ahora sí que es la naturaleza y Dios es el que manda el agua”, indicó.

Sin embargo, asegura que la cosecha sigue siendo su momento más feliz, en especial el recuerdo de subir por primera vez su maíz al camión de carga, una experiencia que describe como la prueba de que, como mujer, también podía lograrlo.

“Mira, una experiencia maravillosa que yo tuve fue que, cómo ver yo, que todo lo que se había hecho, ¿no?, Y yo dije, señor, gracias. Cómo el subir, ¿no? Todo ese maíz, subirlo al trail. Y todavía me dijeron, véngase, súbase al trail. Es una experiencia tan bonita. Y yo agradecida con Dios porque, como mujer, dices, wow, sí lo pude hacer, sí lo logré. Y este, y mujercitas así, o sea, no nos desanimemos. Hay una manera de trabajar”, expuso.

Hoy Sandra Luz ya no está sola: en el centro de acopio de Villa Corzo hay alrededor de 15 mujeres productoras de maíz, un número que crece cada año gracias a mujeres como ella, que se han convertido en ejemplo para otras.

Convencida de que el trabajo, el optimismo y la perseverancia abren camino, invita a más mujeres a sumarse al campo y a no quedarse estancadas.

“Y entonces te vas motivando y dices, bueno, si pudo ella, ¿por qué yo no?, Y vemos que año con año va incrementando mujeres, más mujeres. El ingeniero, José Antonio, ha visto muchas, muchas mujeres acá, y  el trato es igual para todos. El precio es igual para todos. La misma atención es igual para todos. Y ya hasta los hombres ya nos ven normal.  Estar acá en medio de ellos, trabajando, entregando nuestros productos. La cosecha del maíz”, concluyó.

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