Este 11 de agosto se recuerda el hecho histórico de 1892 que trasladó de forma definitiva los poderes a Tuxtla Gutiérrez.

Detrás de esos nombres hay una historia profunda: la de una ciudad que, con el paso de los siglos, fue adquiriendo importancia y que terminaría cambiando todo el estado.

En sus inicios, Tuxtla era un territorio con profundas raíces zoques. Su antiguo nombre, Coyatocmó, hacía referencia a una tierra de conejos.
Después llegaría el náhuatl, que la nombraría Tochtlán, y más tarde los españoles, fundarían el pueblo de San Marcos Evangelista Tuxtla.

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Con la llegada de los hispanos la ciudad comenzó a consolidar una traza que, pese a las transformaciones, todavía puede reconocerse.
Mientras Tuxtla crecía, también aumentaba su relevancia política. En 1768 se convirtió en alcaldía mayor y comenzó a adquirir peso propio dentro de la entonces provincia de Chiapas. Pero el gran cambio todavía estaba por llegar.

La ubicación de Tuxtla comenzó a jugar a su favor. El río Grande de Chiapa, hoy conocido como Grijalva, representaba durante las temporadas de lluvias una barrera para quienes necesitaban desplazarse entre las distintas regiones del estado.

Así, después de décadas de intentos provisionales y en medio de viejas disputas políticas, llegó el momento definitivo. El 11 de agosto de 1892, Emilio Rabasa decretó el traslado de los poderes del estado a Tuxtla Gutiérrez. Una ciudad pequeña se convirtió en la nueva sede de los tres poderes de Chiapas.

El cambio también provocó tensiones políticas y sociales. Desde Los Altos surgieron movimientos para intentar devolver los poderes a San Cristóbal.

La confrontación llegó incluso a convertirse en un conflicto armado que involucró a habitantes de distintos municipios. Tuxtla tuvo que defender la nueva condición que había adquirido.

La transformación de Tuxtla fue, entonces, también una transformación de su patrimonio.
La ciudad que recibió los poderes en 1892 ya no es la misma que hoy conocemos. Su crecimiento modificó calles, edificios y espacios públicos.

Hablar de Tuxtla como capital no es solamente recordar un decreto. Es hablar del momento en que comenzó una nueva etapa para la ciudad. Este 11 de agosto no solamente recuerda el traslado de los poderes. Recuerda el momento en que Tuxtla comenzó a escribir una nueva historia.
Una historia que pasó de Coyatocmó, la tierra de conejos, a convertirse en la capital de Chiapas. Y en sus calles, barrios, edificios y espacios históricos permanece la memoria de esa transformación.

Reportero y comunicador tuxtleco. Apasionado por el arte y la cultura chiapaneca. Participante activo de eventos culturales de sociedad civil. Creador audiovisual y gestor de proyectos. Promotor cultural...

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