En poco más de un año, las prisiones en Chiapas han pasado de 5 mil a más de 7 mil reos

La población en los centros penitenciarios de Chiapas pasó de 5 mil a 7 mil 228 internos, un incremento cercano al 40% desde el inicio de la actual administración, como resultado del combate frontal a la delincuencia.

Así lo informó Zeín Jerónimo Gil, subsecretario de Ejecución de Sanciones Penales y Medidas de Seguridad en Chiapas, quien aseguró que los penales cuentan con capacidad suficiente para albergar a esta población, aunque reconoció que se trabaja para mejorar las condiciones.

“La capacidad para albergarlos, sí. Lo óptimo estamos buscando precisamente esa mejoría”, señaló.

Sobre la posibilidad de instalar penales de iniciativa privada, como ocurre en otras entidades, señaló que esa decisión corresponde al Ejecutivo estatal y a la Secretaría, ya que su área no administra presupuesto ni el sistema penitenciario.

En materia de reinserción social, el funcionario destacó que prácticamente toda la población interna participa en actividades grupales conocidas como “performance”, desde una vez por semana.

“Podemos decir que en lo que es El Amate, los 2,200 PPLs que tenemos aproximadamente al día de hoy, todos participan a diario uno mínimo una vez a la semana en actividad masiva. Igual en Tapachula, igual en Villaflores, en Comitán. Eso lo pueden constatar el día que ustedes gusten”, explicó.

Por su condición migratoria, Chiapas también aloja a reclusos de distintas nacionalidades: jordanos, venezolanos, guatemaltecos y salvadoreños, entre otros, quienes reciben atención consular para mantener comunicación con sus familias o gobiernos de origen.

Respecto al riesgo de que los internos salgan de prisión con “malos aprendizajes” al convivir con otro tipo de delincuentes, Gil admitió que es una preocupación constante, por lo que existe un área de seguimiento penitenciario, prevista en la Ley Nacional de Ejecución Penal, que da acompañamiento a quienes egresan para evitar que regresen al entorno que los llevó a delinquir, con apoyo de organizaciones pastorales y eclesiásticas.

“El problema de la gente que sale de de reclusión es que salían de una de de una zona de de conflicto o que los llevó a cometer y vuelven a regresar. Entonces buscamos a lo mejor algunos apoyos, ya sea pastorales, eclesiásticos, para que ya no regresen a ese núcleo que los vio enfermar en su conducta”, remarcó.

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