A sus 85 años, en el andador del Barrio San Roque, sigue cosiendo para vivir.

Marbella del Carmen Pérez López, originaria de Tuxtla, tiene 85 años y ha dedicado la mayor parte de su vida a la costura.

“En lugar de perder mi tiempo con la pelota, me fui mejor por aprender un poco el corte”, señaló.

Aprendió el oficio de joven, cuando prefirió no practicar deporte y en su lugar acudió a aprender corte y confección, sin que sus padres lo supieran al principio. Desde entonces, la costura se convirtió en su forma de sostenerse económicamente.

“Todo el tiempo, desde 20 años estoy costurando. Nada más que no no acá, estuve una parte en el mercado San Juan y allí me vine para acá”, narró.

A lo largo de los años ha trabajado en distintos locales, primero en el mercado San Juan y después en otro que consiguió por medio del municipio, en el andador del Barrio San Roque.

Sin embargo, tuvo que dejarlo tras enfrentar conflictos con otras personas del lugar. Actualmente renta un pequeño local que le prestó un antiguo vecino, donde trabaja todos los días de 8 de la mañana a 2 de la tarde, y a veces hasta más tarde, si hay trabajo.

“En la tarde ya no trabajo porque no tengo luz. No metí luz porque eran otros problemas para mí, otro gasto. Entonces, y como en ese tiempo estaba yo hasta la poti, pues no me convenía quedarme hasta en la noche. Ahorita ya me quedo un poco más tarde porque estoy acá a la vuelta. Pero no metí luz. Trabajo desde la mañana hasta la tarde”, explicó.

Doña Marbella vive en un cuarto rentado tan pequeño que tuvo que deshacerse de su refrigerador y su ropero, dañado durante la mudanza, porque no cupieron en el espacio.

“Ahora me vine aquí entre la cuarta y la quinta. 570 es el número. Ahí rento. Pero no entran mis cosas, está bien chiquito. Bien chiquito, está me tuvieron que quitar mi refrigerador porque no entró mi refrigerador”, indicó.

Desde 2021 ha solicitado una vivienda a través de programas de gobierno, sin obtener respuesta. No pide que se la regalen, dice, sino facilidades de pago, mientras ve con tristeza casas abandonadas y deterioradas en otras zonas de la ciudad.

“Ahí se quedan los pobres. Gente en la calle. Pues no, no, yo no lo veo justo. Habiendo una solución. Mire, en Real del Bosque, ¿cuántas casas no están cerradas? ¿Quién nos está destruyendo? Los marihuaneros, los malvivientes. Ahí están las ventanas rotas, las puertas pateadas, todas quebradas en el Real del Bosque”, apuntó.

Separada desde hace años y madre de dos hijos, uno de ellos maestra jubilada, Marbella insiste en seguir trabajando pese a las súplicas de su familia para que descanse.

Para ella, la costura no es solo un sustento, sino también una forma de mantenerse activa y evitar depender de otros.

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