
María Imelda López Morales, artesana originaria de Oxchuc y tejedora en telar de cintura, relató las condiciones que enfrentan las artesanas indígenas de Chiapas: regateo constante, fraudes que les generan pérdidas de hasta 10 mil pesos por caso.
María Imelda López Morales aprendió a enrollar hilos a los ocho años. A los 15 ya trabajaba el telar de cintura. Hoy, desde Oxchuc, sigue tejiendo. Pero lo que debería ser orgullo cultural se ha convertido también en una lucha cotidiana contra quienes, dice, aprovechan su trabajo para no pagarlo.💬 Testimonio · María Imelda López Morales · Artesana · Oxchuc, Chiapas
“Casi siempre cuando hay eventos masivos se acercan personas ofreciéndonos un espacio, según para apoyarnos. Al principio suelen ser amables, pero cuando ya se agarra la confianza, es ahí donde empieza el fraude. Nos mandan piezas y ya no nos pagan.”
Cuando los que abusan tienen cargo
Lo que más pesa en el relato de María Imelda no es el fraude en sí, sino quiénes lo cometen. “Me he topado con personajes, también funcionarios, se podría decir, que nos piden unas piezas y al final no nos terminan de pagar. Y aunque por más que insistas, yo vengo desde el pueblo para cobrar 200 pesos y me sale más caro el pasaje: gasto 500 pesos para llegar hasta acá al estado.” El patrón se repite: alguien con poder de compra, con cargo o con apariencia de formalidad, solicita piezas, genera confianza y desaparece con el trabajo. “Piensan que quizás no tenemos la capacidad de defendernos”, dice sin amargura, pero con claridad.“Aunque por más que se esté luchando, por más que se demuestre que los pueblos originarios son discriminados, seguimos siéndolo. En nuestro trabajo, en nuestro origen, de todo. En todo el sentido de la palabra.”
— María Imelda López Morales · Tejedora en telar de cintura · Oxchuc, Chiapas
Meses de trabajo en cada pieza
Una pieza grande en telar de cintura lleva entre tres meses y medio y cuatro meses de trabajo. Primero el telar, luego el bordado. Todo a mano, todo con hilos que ella misma planea desde la mente antes de comenzar. “Lo creamos aquí, en la cabeza. Me imagino un color, cómo podría salir, y me aviento. Es como un reto entre buscarle el contraste de uno a otro.” El precio de una pieza grande comienza en mil pesos. Pero para llegar a ese precio, María Imelda ya dividió su tiempo entre el telar, el bordado, el hogar, el campo y los traslados para vender. “No nos dedicamos al cien por ciento al textil, porque también tenemos el trabajo del campo. Hay que dividir el tiempo al máximo.”“Vengo desde allá en el pueblo para cobrar 200 pesos y me sale más caro el pasaje. Gasto 500 pesos para llegar hasta acá al estado. Y así seguimos.”
— María Imelda · sobre los costos de cobrar lo que le deben
La familia como escudo
Lo que sostiene a María Imelda no es solo la vocación. Es su familia. Su esposo la apoya en las hiladas y la preparación de los hilos. Su hija de 14 años aprende ya el bordado. Su marca se llama Kushlejal, que en su lengua materna significa “parte de mi tradición, de mi cultura.” “Se siente uno fortalecida, apoyada por las personas que están a nuestro alrededor. Como que uno le entra con más ganas de trabajar.” Hoy vende a través de Facebook y WhatsApp, con una política que aprendió a fuerza de pérdidas: anticipo primero, foto del trabajo terminado después, envío solo cuando el pago está completo.🧵 Kushlejal · “Parte de mi tradición, de mi cultura”
“Ya no al regateo. Una pieza grande nos lleva cuatro meses. Eso tiene un valor.”
Contacto vía Facebook y WhatsApp · Oxchuc, Chiapas









