
La gratitud se convirtió en tradición y cada año celebran los llamados siete lunes, una práctica religiosa que antecede a la Semana Santa.
En una casa de Tuxtla Gutiérrez, la fe se mantiene viva cada año. Entre veladoras, flores y rezos, una familia recuerda el momento que marcó su vida: el día en que, dicen, el Señor Justo Juez les concedió un milagro.
María Elena Pérez – Creyente: “Al principio fue algo muy triste porque se enfermó una de mis nietas… ya tenía casi un año. Estuvo internada en el sanatorio Malibú como 20 días y nos dijeron que ya no era de vida”
La pequeña luchaba por su vida. Tras días de hospitalización y diagnósticos poco alentadores, la familia decidió trasladarla a otro hospital, aferrándose a la esperanza.
María Elena Pérez – Creyente: “Salimos de ahí con la tristeza… nos fuimos al Gómez Maza. Al principio no la querían recibir, pero gracias a Dios, por orden del director, sí la recibieron, peo gracias a dios se lo debemos al señor justo juez”
En medio de la incertidumbre, la familia hizo una promesa. Frente a la imagen del Señor Justo Juez pidieron un solo favor: que, si era su voluntad, permitiera que la niña siguiera con vida.
María Elena Pérez – Creyente: “Se lo venimos a pedir al Señor Justo Juez… que si era su voluntad que nos la dejara. Y bendito Dios, se lo debemos a él, porque aquí tengo a mi nieta bendito dios”
Desde entonces, la familia convirtió la gratitud en tradición. Cada año celebran los llamados siete lunes, una práctica religiosa que antecede a la Semana Santa.
María Elena Pérez – Creyente: “Desde esa fecha nosotros celebramos, más que nada para agradecerle al Señor que tenemos a mi nieta. Mientras Dios me preste vida, seguiremos agradeciéndole al señor justo juez”



















