
La nueva Ley del Humanismo crea las “Asambleas del Pueblo”, figuras ciudadanas con atribuciones para decidir obras públicas, similares a las impulsadas por Juan Sabines
Las decisiones sobre qué obra hacer en una colonia, barrio o ejido ya no estarían solo en manos de funcionarios. Con la reciente aprobación de la nueva Ley de Desarrollo Social y del Humanismo del Estado de Chiapas, regresan las asambleas ciudadanas, ahora bajo el nombre de Asambleas del Pueblo.
La figura no es nueva para Chiapas. Durante el sexenio de Juan Sabines Guerrero se implementaron las llamadas Asambleas de Barrio, mecanismo que permitía a los ciudadanos priorizar proyectos sociales y de infraestructura. Hoy, esta estructura se reactiva, aunque con nuevo marco legal, nueva Secretaría encargada y nuevas atribuciones.
De acuerdo con el Decreto 251, publicado en el Periódico Oficial del Estado, las Asambleas del Pueblo funcionarán en barrios, colonias, comunidades rurales y unidades habitacionales. Su objetivo será analizar, discutir y decidir colectivamente las demandas sociales de cada zona.
Entre sus funciones destacan:
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Gestionar obras de infraestructura básica como drenaje, agua potable o pavimentación.
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Proponer proyectos que respondan a las necesidades locales.
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Firmar actos administrativos derivados de sus acuerdos.
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Cuidar obras públicas y promover campañas de saneamiento ambiental.
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Fomentar la igualdad de género en los procesos ciudadanos.
Estas Asambleas serán acompañadas por la nueva Secretaría del Humanismo, creada también como parte de la reforma. Esta dependencia será la encargada de ejecutar las decisiones de las asambleas y dar seguimiento a los acuerdos. Los Ayuntamientos deberán coordinarse directamente con ellas, y en caso de controversias, estas se resolverán mediante actas de cabildo.
Enfocadas en las zonas con mayor rezago
La ley pone especial atención en las Zonas de Atención Prioritaria, definidas como aquellas regiones —indígenas, afromexicanas, rurales o urbanas— con mayores niveles de pobreza y marginación. En estas zonas, las Asambleas del Pueblo jugarán un papel central para decidir cómo y en qué se invierte.
Además, se crea un Padrón Único de Beneficiarios, así como un sistema de medición del impacto social, para garantizar que los apoyos lleguen a quienes realmente los necesitan.
¿Más democracia o más control?
La nueva figura ha generado opiniones encontradas. Por un lado, se destaca su potencial para fortalecer la participación ciudadana. Por otro, algunos recuerdan cómo en el pasado estas estructuras fueron cooptadas políticamente o utilizadas con fines clientelares.























