
Como cada Cuaresma, las calles cercanas al Templo del Calvario se llenan del perfume del tziqueté, flores ensartadas en collares que son ofrenda y herencia. Detrás de cada uno hay horas de caminata, manos sabias y el eco de una tradición zoque que sigue viva.

Al centro de Tuxtla Gutiérrez llegan cientos de flores ensartadas como collares. Es la flor de tziqueté, la cual inunda con su peculiar aroma y su característico color vibrante las afueras del Templo del Señor del Calvario.
Doña María Luisa es canastera desde hace ya varios años. Así se les conoce a las vendedoras tradicionales que ofrecen sus productos en las afueras de los mercados municipales de Tuxtla Gutiérrez. En esta temporada de Cuaresma, ofrece estos collares, que se utilizan como ofrendas para las imágenes religiosas.

Para elaborar unos cuantos collares al día, quienes los confeccionan deben caminar durante horas entre el monte y las montañas para cosechar las flores. Aun con el esfuerzo que implica, los collares se venden a un precio accesible: por 20 pesos se puede adquirir uno.
Actualmente, estos collares se consiguen solo durante una corta temporada al año. De acuerdo con personas conocedoras de las tradiciones, estas flores eran utilizadas por mujeres zoques, quienes con ellas imitaban los collares de coral que usaban las mujeres de mayor poder adquisitivo en la época.















