
Cada perro rescatado tiene una historia que contar, y la de Chicle es una de segundas oportunidades y amor incondicional. Este perro mestizo de pelaje café llegó al mundo en circunstancias difíciles, pero el destino le tenía preparada una vida distinta.
Cuando Chicle tenía apenas dos semanas de nacido, fue rescatado del hogar de un hombre con problemas de alcoholismo en Tuxtla Gutiérrez. Su futuro era incierto, hasta que el artesano Ismael decidió adoptarlo, dándole un hogar donde hoy no solo es querido por su dueño, sino también por quienes visitan el Rincón del Arte “Carlos Frey”.
Una historia de rescate y compañerismo
“Yo llegaba mucho a casa de un amigo que era alcohólico y que falleció de cirrosis. Chicle era el más pequeño y corría el riesgo de no sobrevivir, así que le pedí que me lo diera”, recuerda José Ricardo Solís Zebadúa, quien fue parte del rescate.
Desde entonces, Chicle se convirtió en parte de la comunidad artística. Artesanos, maestros y visitantes del Rincón del Arte lo han hecho suyo: lo miman, le dan bocadillos y lo llenan de cariño.
A pesar de que su dueño no cuenta con un ingreso económico alto ni un empleo formal, Chicle nunca ha pasado hambre ni le ha faltado atención veterinaria. Cuando Ismael debe salir de la ciudad por trabajo, siempre hay alguien dispuesto a cuidarlo, reflejando el amor que ha inspirado en todos.
El cariño hacia este noble compañero quedó inmortalizado en un mural dentro del Rincón del Arte “Carlos Frey”, donde Chicle ya no solo es un perro, sino un símbolo de segundas oportunidades y comunidad.









