Chacón, el tuxtleco manos de tijera

Recorrer las calles de Tuxtla Gutiérrez y ver los nuevos conceptos de barberías me hizo recordar a algunos peluqueros famosos de la capital chiapaneca, empezando por el reconocido Chaco, un parlanchín  irremediable que cuenta tremendas historias de su vida que narra con un vozarrón mientras sus clientes permanecen inmóviles ante su afilada barbera.
 

Álvaro Chacón Mandujano, se hizo célebre por sus más de 25 años en el oficio y por sus anécdotas que brotan de su desbordada memoria. En cada historia, Chaco es el hijo perfecto, el esposo incomprendido, el peluquero de corazón y el viajero por elección.

 
Su memoria es tan sorprendente que recuerda con lágrimas en los ojos que pasó un día en Lecumberri. Y es que Chaco asegura que  lo culparon de un robo que no cometió cuando trabajaba  como inspector de carga en Aeroméxico.
 

“Me metieron a la cárcel y me quitaron mi trabajo. Es muy bonita la vida cuando dentro de tu responsabilidad vas creando envidia y yo eso conseguí porque siempre me felicitaron en los 28 años que trabajé en Aeroméxico”, menciona este sedentario que ama la soledad.
 

Don Álvaro vive solo en una casa ubicada sobre la 9ª oriente entre Av. Central y 1a Norte. En su hogar tiene instalada su peluquería, en donde atiende a caballeros de y sin fina estampa en una pequeña silla roja.

 
La peluquería de Chaco es su propio santuario. Y no solo porque ahí pasa los mejores momentos, sino porque en cada rincón hay un objeto que demuestra su fe a Dios y la Virgen de Guadalupe.

 
La personalidad de Chacón no se puede ocultar. Es un hombre tranquilo, coleccionador de recuerdos como su viejo sillón amarillo, sus recortes de periódicos que alguna vez han contado su vida y las fotografías de su madre, a quien él describe como su más grande amor, claro después de Dios.

 
“Desde los seis meses no conocí padre, más mi padre Dios que me ha acompañado. Y mi madre linda, que como me quiso. Por eso lo digo, Dios y mi santa madre son los seres más grandes que conocí”, cuenta este peluquero que aprendió el oficio en los años 50´s.

 
Al preguntarle si  tiene familia, no tuvo empacho en contar que los había abandonado. Así como lo leen. Acto seguido, siguió cortándole el pelo a su serio cliente como si nada.

 
Chacón toma aire y continúa con la plática, porque quiere aclarar que este abandono se debió a la falta de comprensión de su esposa e hijos, a quienes ve de vez en cuando y los apoyo cuando es necesario.

 
“Cuando estaba en el internado Rafael Donde me hicieron una herida en la cabeza y de ello guardo una gran cicatriz, pero esa no es la única que tengo. La pobreza, el dolor de ir a la cárcel,  la tristeza de dejar a mi familia por amor propio y las traiciones de mis tías me dejó  más herido que cualquier otro daño físico”, lamenta Chacón y prosigue con el corte de cabello.

 
Antes de continuar con otra parte de su vida, su cliente, un militar jubilado, lo interrumpe y le dice: “Chaconcito, eso ya quedó atrás, es parte de tu historia. No importa si fuiste o no pobre, porque hay gente con dinero que es pobre de corazón, en cambio tú eres rico de alma”.

 


Chaco, asienta y recuerda que un día le aseguró al psicólogo que él no era un hombre feliz, sino que era “requetefeliz”. Es por eso que al interior de su hogar tiene un par de mantas con el dibujo del demonio de Tazmania y esa frase, la misma que muchos han utilizado para describir a este hombre de 82 años.

 
“Dios ha sido tan grande que me ha dado muchas bendiciones. Por mi edad no podía estudiar en el internado pero me bajé la edad, dos años, y pude continuar los estudios. A pesar de ser pobre tuve mucha riqueza y hoy puedo decir que mi vida ha sido muy hermosa” asevera este tuxtleco que heredó la propiedad por parte de su tía, a quien cuidó en sus últimos años de vida.

 
Por increíble que parezca el ‘chori’ el otro apodo con el que conocen a Álvaro Chacón viajó a Europa en diversas ocasiones,  gracias a los beneficios que le daba trabajar en Aeroméxico y por laborar en sus horas libres como peluquero en la Ciudad de México.

 
“Llevé cinco veces a Europa a toda mi familia, pero la última fue más especial porque llevé a mi madre a conocer la Torre Eiffel. Cuando subimos a la torre le expliqué a mi santa madre cómo estaba dividido Francia y ella me dijo ‘te agradezco hijito esta satisfacción que me has dado porque a pesar de ser tan pobres hoy podemos ver estas maravillas’, lo increíble es que aunque mi esposa estaba ahí ella era infeliz porque yo había llevado a mi mamacita”, menciona el peluquero más conocido del lado oriente de la ciudad.

 
Don Álvaro, ya tiene su pelo blanco pero aunque lo oculta con tinte negro, cada cana es de experiencia y de historia. Este personaje es de la vieja escuela de peluqueros tuxtlecos; él aprendió el oficio hace 67 años en una peluquería que estaba ubicada en la 2ª poniente y 1ª sur, en donde el ex gobernador Juan Sabines Gutiérrez era su cliente.

 
“Ya viví lo que Dios quiso, y soy agradecido con él. Cuando cumplí 80 años reuní a mis hijos para decirles que les perdono todas sus equivocaciones y  les pedí perdón por lo que no pude cumplir. A mi ex mujer que la vida la perdone por despreciarme cuando me quedé sin dinero. Ahora, gracias a mis amigos que vienen a la peluquería vivo y como y a cada uno los amo porque yo aprendí a amarme”, concluye Álvaro Chacón, al tiempo de recibir escasos 100 pesos de su cliente, quien lo abraza y le agradece por este momento de historia, alegría y amor.