Oler el cacao recién tostado y ver a los niños dibujando sus historias familiares es sentir que nuestras raíces están más vivas que nunca y que el Soconusco recupera el orgullo de ser la cuna de este tesoro universal; es la alegría de saber que cada grano de chocolate lleva consigo el esfuerzo justo de nuestra gente.
