Ver a un joven entregado al ritmo de una cumbia o al zapateado del folklor es sentir que el arte es el lenguaje que nos salva y que una juventud que baila es una juventud que elige la vida sobre las sombras; es la emoción de saber que cada paso de baile es un paso lejos de las adicciones.
Escuchar las cuerdas y los vientos fundiéndose con el sonido de las olas del Pacífico es sentir que el arte es el verdadero lenguaje de la paz y que nuestra identidad chiapaneca es tan profunda y hermosa como el mar que nos rodea; es la paz de ver a cientos de familias unidas por una melodía.