Entre la física de vanguardia; la disciplina europea y el orgullo de sus raíces costeñas, el ingeniero chiapaneco César Morales busca transformar la divulgación científica para la juventud.

En el mapa de la ciencia global, los nombres de grandes metrópolis europeas suelen acaparar los reflectores de la física cuántica. Sin embargo, en el complejo subterráneo donde opera el Gran Colisionador de Hadrones, en la frontera entre Suiza y Francia, resonó con fuerza el nombre de Villa Comaltitlán, un municipio de la costa chiapaneca de donde es originario el ingeniero y docente César Felipe Morales Mérida.

Con una sólida trayectoria académica como Ingeniero Civil, Ingeniero en Sistemas Computacionales y Maestro en Educación, Morales Mérida fue seleccionado a través de una convocatoria nacional de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach) y avalado por el doctor Luis Flores —investigador mexicano en el CERN— para integrarse a una estancia académica en el laboratorio de física de partículas más importante del planeta.

La meca de la ciencia: entre el Colisionador y la estricta puntualidad suiza

Para el docente chiapaneco, llegar al CERN —situado en la comuna de Meyrin, en la periferia de Ginebra— significó adentrarse en lo que describe como “la NASA de la física”: un entorno donde convergen científicos de doctorado y posdoctorado para estudiar las partículas fundamentales en un anillo subterráneo de 27 kilómetros de circunferencia.

Durante su estancia en las instalaciones científicas, Morales Mérida enfrentó jornadas intensas de talleres especializados, conferencias y visitas técnicas. Más allá del dominio de idiomas como el inglés y nociones de francés, el choque cultural más marcado radicó en la rigidez operativa:

  • Disciplina y protocolos: La puntualidad estricta marca el ritmo de cada laboratorio y sesión, donde presentarse minutos antes es un requisito indispensable para tener acceso a las áreas de investigación.

  • Inmersión en física de frontera: Participación directa en análisis teóricos y experimentales sobre el comportamiento de partículas subatómicas y su modelado computacional.

Del sueño infantil a embajador de la ciencia

Detrás de su llegada a Ginebra no hubo casualidades, sino años de persistencia. Morales Mérida recuerda que desde su infancia en Comaltitlán sintió una profunda fascinación por la astronomía y las matemáticas. Aunque en el camino enfrentó incertidumbres vocacionales y dificultades para estudiar lejos de casa, supo reencauzar su vocación hacia las ciencias exactas.

Hoy, tras regresar con el orgullo de su familia y su comunidad, asume la responsabilidad de fungir como un embajador de la ciencia en territorio chiapaneco. Su objetivo central es romper con la enseñanza tradicional y monótona de la física y las matemáticas en las escuelas, aprovechando herramientas digitales, plataformas de divulgación y métodos interactivos para despertar la curiosidad en los estudiantes.

Morales Mérida insiste en que no se necesita ser un genio para alcanzar metas de trascendencia internacional: la curiosidad innata por entender el universo, sumada a la dedicación y el esfuerzo diario, es la clave para que más jóvenes del sureste mexicano alcancen los escenarios científicos más codiciados del mundo.

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