Con diez elementos entrenados, adiestramiento diario y un vínculo afectivo que trasciende las jornadas de trabajo, la Unidad Canina de Protección Civil de Chiapas se consolida como una pieza clave para la localización de personas en zonas de desastre.
Detrás de cada operativo de rescate en las zonas más complejas de Chiapas hay una mirada fija, una nariz atenta y un corazón dispuesto a darlo todo. En la Secretaría de Protección Civil del Estado, el trabajo de búsqueda y rescate no se mide únicamente en protocolos ni en cifras; se construye en la mirada y el olfato de diez binomios caninos que arriesgan el pellejo en cada jornada.

Para entender este trabajo de salvamento hay que mirar más allá del uniforme. En cada perro de rescate hay una historia de paciencia, disciplina y, sobre todo, un vínculo afectivo entrañable con su manejador.
Un lazo indestructible: El secreto del éxito
El adiestramiento de un canino de búsqueda no es un proceso que se logre de la noche a la mañana. Lleva entre un año y año y medio de trabajo diario, estructurado mediante rutinas cortas de 20 a 25 minutos para mantener su atención al máximo sin agotarlos. Sin embargo, el pilar fundamental no está en la obediencia básica ni en el estímulo de una pelota de juego: radica en la confianza mutua.
El vínculo es tan estrecho que trasciende la jornada laboral. Los caninos se integran a la vida familiar de sus entrenadores, compartiendo espacios de descanso, salidas al río y momentos de esparcimiento. Es esta conexión la que permite que, en el campo de trabajo, un perro avance a cientos de metros de distancia de su manejador y regrese al instante con una simple llamada de voz.

Historias que dejan huella: Miko y Kiara
En la memoria de la unidad canina quedan marcadas historias que resumen la entrega de estos animales. Una de ellas es la de Miko, un pastor belga malinois recordado por su incansable ética de trabajo y su carácter afectuoso, quien falleció a causa de un infarto. Su partida dejó un vacío profundo en el equipo, pero su legado abrió paso a nuevas oportunidades.
Fue tras la pérdida de Miko que la unidad recibió la donación de Kiara, una canina que llegó tras haber sufrido maltrato. Con un año de entrenamiento paciente y amoroso, Kiara logró rehabilitarse por completo y convertirse en un elemento operativo capacitado para la búsqueda de personas.
El peligro invisible en el terreno
El trabajo de los binomios caninos implica adentrarse en terrenos difíciles y enfrentar riesgos constantes. En Chiapas, los perros se despliegan en cerros, zonas agrícolas o áreas de desastre para localizar desde personas extraviadas con vida hasta restos humanos.

En estos entornos, los caninos enfrentan amenazas como la fauna nociva o condiciones climáticas extremas. Para protegerlos, su agudo sentido de percepción es clave: cuando detectan un peligro en el camino, se detienen, se sientan o se echan, alertando inmediatamente a su guía para no avanzar hasta evaluar la zona.
Un equipo fortalecido al servicio de la población
Lo que comenzó como un esfuerzo de unos cuantos elementos —pasando de tres integrantes a un equipo multidisciplinario de 32 personas— se ha consolidado en una unidad operativa con instalaciones propias y consultorio veterinario. Con razas que van desde el pastor belga malinois hasta el pastor holandés (como el caso de Tormenta), la unidad mantiene disponibilidad las 24 horas del día, los 365 días del año.
Más allá del adiestramiento técnico, la labor de estos perros refleja una capacidad única para conectar con el ser humano, entregando su instinto y su vida en cada misión de rescate.

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