
Pese al interés ciudadano por estar preparados, la dependencia falla en comunicar con rapidez durante emergencias reales como el reciente Mar de Fondo
La gestión de emergencias en Chiapas enfrenta un problema que no está en la falta de equipos o simulacros, sino en algo más básico: el silencio. La ciudadanía puede estar lista, pero si las alertas no llegan a tiempo, el riesgo se multiplica. Así quedó demostrado esta semana, cuando el fenómeno de Mar de Fondo golpeó la costa del estado y Protección Civil tardó más de dos días en emitir un reporte oficial.
Desde el domingo, las imágenes de palapas inundadas circularon entre medios locales y en redes sociales. Sin embargo, fue hasta el martes que la dependencia publicó un balance. ¿Por qué la demora? ¿Qué criterios se aplican para comunicar lo evidente? Las preguntas siguen sin respuesta.
El caso no es aislado. En eventos anteriores, incluidos accidentes graves y fenómenos meteorológicos, se ha vuelto recurrente la falta de pronunciamientos rápidos y claros por parte de Protección Civil Chiapas. En consecuencia, periodistas y ciudadanos han tenido que recurrir a fuentes extraoficiales para conocer lo que ocurre en tiempo real.
Esto contrasta con la participación activa que suele tener la población en simulacros nacionales, donde queda clara la disposición por aprender y prevenir. Pero cuando el riesgo es real, la falta de información oportuna pone en duda la capacidad de reacción institucional. Una emergencia no espera boletines de oficina; exige presencia, claridad y rapidez.
La comunicación de riesgos no es un asunto menor. Una alerta a tiempo puede salvar vidas o evitar daños mayores. Por ello, la opacidad y el mutismo de las autoridades en momentos clave resulta no solo cuestionable, sino irresponsable.
Mientras la ciudadanía mantiene el interés por estar informada y actuar con responsabilidad, el reto es que Protección Civil esté a la altura: no solo con simulacros, sino con una estrategia comunicativa que responda con inmediatez, transparencia y firmeza cuando la realidad lo exija.

























