
Su familia se ha reunido; su esposa y sus tres hijos recibieron los restos del hombre originario de Chamula que había migrado para huir de la pobreza
Luego de casi un mes de fallecido en Estados Unidos, Marcelino Díaz Gómez por fin se ha reunido con su familia en San Juan Chamula, Chiapas.

La historia de “Llaverito”, como le llamaban sus amigos, conmovió a la sociedad chiapaneca al darse a conocer su deceso en un accidente automovilístico cuando se dirigía a su trabajo en la ciudad de Chicago.

Marcelino había migrado a Estados Unidos buscando mejores condiciones de vida para él, su esposa y sus tres hijos, a quienes ahora sólo les quedan las cenizas de su padre, su fotografía y los recuerdos de él antes de partir.

En un ataúd gris, simbólico en realidad, dentro de una cajita iban sus restos.

Fueron trasladados con solemnidad en una carroza de Funerales Rosales, de Chamula, a su destino de donde partió, a casa, junto a los suyos en Jolpajaltón, un paraje de los Altos de Chiapas donde sus habitantes apenas llegan a los 500.

Dentro de su vivienda, un cuarto formado de maderas y con suelo de tierra, ahí llegó la caja de Marcelino; dentro, la pequeña cajita con sus cenizas.

A su lado le fueron colocadas sus ropas, las que vestiría para su funeral, mientras se escuchan los sollozos de quienes alcanzan a ver la triste realidad.



























