
Las manos de Juan Pedro han seguido la creación de don Alberto Bautista, que en los años 70 elaboró los jaguares de barro en Amatenango del Valle.

Más de la mitad de su vida se ha dedicado a moldearlos y pintarlos, pasión heredada que ha preferido por encima de su profesión, la Ingeniería Industrial.
La inquietud de ver a su madre doña Agustina López, a su abuela Carmen León y a su padre don Bonifacio López, moldear el barro en su casa, lo llevaron a seguir la tradición familiar pero que también es de todo el pueblo, su natal Amatenango del Valle donde nació hace 30 años.

Palomas, iguanas, macetas, tinajas, son otras piezas de alfarería que su familia realiza, actividad que antes estaba más conferida a las mujeres, pero que él ha tomado con pasión y que ahora lo ha llevado a representar a México como uno de los mejores alfareros de Chiapas.

La alfarería requiere pasión, talento y tiempo. Una pieza de barro no se elabora de inmediato porque no hay moldes y por eso la población debe recompensarlo con el precio.
Al valor económico se suma uno más, el emocional, toda vez que una pieza se hace en comunidad, entre la familia.

























