
Doña Rosario es una de las pocas pobladoras vivas que habitó Quechula; a dos dedos señala donde vivió su infancia y adolescencia, hasta que en 1963 les dijeron que se tenían que ir, porque el pueblo quedaría bajo el agua por la construcción de la presa Netzahualcóyotl.

Ahora que bajaron los niveles de la presa como no sucedía en 20 años, doña Rosario bajó a contemplar el templo y a recorrer su tierra, esa que alguna vez fue próspera, donde se cosechaba cacao y plátano.
Ella recuerda que cuando vivía aquí antes de 1963, el templo ya estaba en ruinas y no era utilizado con fines religiosos. Y es que de acuerdo con el investigador Carlos Navarrete, en 1776 el pueblo fue abandonado por una plaga.

Aquí fue la entrada original de los españoles a Chiapas en 1524, era el camino real entre la provincia de Chiapa y Espíritu Santo, lo que ahora es Coatzacoalcos, Veracruz.
Antes de que se construyera la presa también llamada Malpaso, Quechula era un pueblo alegre.
No les dieron opción, se tenían que salir. El decreto de expropiación fechado el 19 de abril de 1963 declaraba que el gobierno, por causa de utilidad pública, se quedaba con 52 mil 760 hectáreas para la construcción y embalse de la presa.

Doña Rosario vive ahora en Nueva Quechula, a unos tres kilómetros, uno de los lugares que las autoridades habilitaron para que la ciudadanía se fuera a vivir.
Quechula quedó bajo el agua y el templo de Santiago se asoma de entre las aguas cada año, cuando los niveles bajan. Sin embargo en este 2023, de forma histórica ha descendido hasta 25 metros, lo que da la posibilidad de que se llegue en vehículo o motos.
También da la posibilidad de observar a plenitud el agrietado templo de 10 metros de alto y unos 60 de largo, cuyas paredes de ladrillo y piedra bola han colapsado, y al cual ninguna autoridad ha volteado a ver para la conservación de este recinto histórico de casi 500 años.


























