El término de la humanización en las mascotas es relativamente nuevo, tiene poco que nos empezamos a dar cuenta de que existen ciertos comportamientos humanos que extrapolamos hacia los perros y que puede llegar a causar problemas en la percepción que el propio perro tiene de su mundo.

Juan Carlos Velasco Romo, educador canino y psicólogo humano, explica que aunque la relación del ser humano con los perros trasciende desde hace miles de años, ello no significa que las necesidades de ambos sean semejantes:

 

“Es cierto que como especie que llevamos conviviendo entre 15 mil y 30 mil años, dependiendo del estudio que consultes; que en todos estos años, tenemos una relación única en el reino animal, nos parecemos mucho, tenemos muchas cuestiones de socialización muy parecidas, nuestro cuerpo se parece un montón en muchas maneras también pero, eso no quiere decir que las necesidades sean las mismas.“

“El término de la humanización en las mascotas hay que comprenderlo sobre todo, en el momento en que nosotros como humanos buscamos que existan ciertas conductas dentro del perro, que pertenecen más al humano o, que queremos también meter incluso artículos o costumbres que son más de la cultura humana y que no pertenecen al perro, es entonces cuando podemos hacerles daño y comenzar a crear problemas de conducta o incluso, también físicos. “

 

Destaca que un ejemplo de humanización, y del daño que podemos provocarles a nuestras mascotas, es cuando un perro joven y sano se mantiene en brazos casi todo el tiempo, o en una carriola, evitando que camine como corresponde a su naturaleza.

“Puedes provocarle problemas físicos, motores, de que no son perros que estén experimentando el mundo en sus cuatro patas como debería; también podemos crear problemas físicos, alimenticios, en los que a lo mejor le empieces a dar de comer mucho pan << pues, es que le doy su panecito con su cafecito porque se le antoja >>, << es que siempre en la noche se le antoja y le toca >>, ese pan y esa cafeína no la necesitan.”

 

“O problemas cognitivos, conductuales o emocionales, como un híperapego porque no soporta la soledad, entonces le empiezas a provocar problemas sociales, emocionales, porque le costará mucho trabajo ser un perro que no tenga miedo, que no tenga frustraciones, fobias; precisamente porque como humanos le estamos cargando sensaciones, sentimientos que el perro no tiene o no necesita.”

Finalmente, dijo que desde el esquema de bienestar animal, el no permitir que tu mascota tenga comportamientos propios de su especie, como revolcarse en la tierra porque se ensucia y corres a bañarlo dos veces por semana para que esté “limpio”, es considerado maltrato animal; por lo que, el amor por nuestras mascotas debe ir en equilibrio con el conocimiento que se tenga de ellos, ya sea investigando o estudiando sus necesidades como perro y no solo enfocándonos en lo que creemos que necesitan para vivir dignamente.

 

“Hay una frontera delicada entre ser empáticos con ellos y decir << ok, mi perro siente y me quiere; mi perro tiene sentimientos >>; reconocer que como yo mi perro tiene sentimientos también, ser empáticos para darles calidad de vida, y otra cosa ya es entonces, plantarles necesidades humanas, de cultura humana, que ellos no tienen. Por ejemplo, no tienen necesidad de usar zapatos si no está trabajando en un buque con 40º C pisando una superficie de acero, si no está haciendo eso tu perro, entonces no necesita zapatos.”

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