Según la Encuesta Intercensal del INEGI, el 7.1 por ciento de los residentes en Tuxtla Gutiérrez son foráneos.

Los foráneos

Los foráneos saborean la ciudad a gusto, la comen y la digieren, caen desapercibidos en la trampa cíclica de la digestión citadina. No dejan de consumirla hasta camuflarse y ser parte de una ciudad que según la Encuesta Intercensal del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el 7.1 por ciento de los residentes en Tuxtla Gutiérrez son nacidos en otro municipio.

“Los de fuera” como Carlos Villatoro, “Cordi” -como le llaman sus amigos- un estudiante de la Licenciatura en Comunicación originario de Pijijiapan, son la cebolla de los tacos, el musú del pozol, son el algoritmo cotidiano.

“Cordi” llegó por primera vez a Tuxtla con la ilusión de salir en la tele, “fui al estadio a ver un partido de Jaguares vs Pumas, en esa visita acudí a los principales centros turísticos de la ciudad y desde ese momento supe que viviría aquí”.

Con su peculiar hablar costeño “Cordi”, -moreno, robusto y barbón-, describe al transporte público de la capital chiapaneco como lo más eficaz y sorprendente de la ciudad, asegura que aquí hay más de una ruta para llegar con rapidez a donde él quiera, “en mi pueblo solo hay cuatro rutas y no abarcan todo, hay que caminar mucho”.

Las “combis” que son esencia en la ciudad, albergan en sus entrañas la teatralización de los arquetipos cotidianos en un municipio que como dijo el célebre músico mexicano “Rockdrigo” González, se encuentra en sus tiempos de híbridos: “entre salvajes y científicos, en la campechana mental, en la vil penetración cultural, en el agandalle transnacional, en el despiporre intelectual y en la vulgar falta de identidad.”

Estruendosos, acalorados, fastidiosos y fastidiados; silenciosos, retrospectivos y hasta olorosos; todos tolerantes a la fuerza en la densidad humana, donde los pensamientos en “hora pico” se apachurran en los insuficientes espacios.

“Ahí que le hagan lugar doñita”; “en esa fila caben 7”; “parado joven, na’ más que agáchese bien por que por aquí anda el tránsito”, las frases cotidianas de los choferes del transporte público que probablemente todo tuxtleco ha escuchado alguna vez en su vida.

Para “Cordi” esto ya es parte de su cotidianidad, “yo ya no vuelvo a mi pueblo, aquí me quedo a buscar trabajo” explica y concluye después de un rato de narrar su nueva vida en la ciudad.

Chimbombo en la ciudad 

Roberto Antonio Marín es oriundo de Cintalapa de Figueroa, ha vivido más de tres años en Tuxtla y define a la capital como “cruda”. Quejoso y un poco nostálgico cuenta que lo que más añora de su tierra natal, es el sabor de la comida de casa, sinónimo abstracto de la familia; doliente exalta estar poco cómodo con el clima. 

Orgulloso declara que su mayor logro como foráneo es acoplarse al ritmo de capital, “la ciudad despierta, solo es cosa de agarrarle el paso, porque al chile la ciudad si te cambia la mentalidad”, expresa Antoniomientras corrobora con su experiencia familiar.

“Los primeros seis meses viví en la ColoniaBienestar Social; para muchos tiene mala fama; la neta nunca me pasó nada, solo me daba depresión salir a las 10 de la escuela, abordar el camión y vercaras malhumoradas, se contagiaba, me sentía muy mal, era una hora de camino arriba del Conejobus”, recuerda Antonio.

Su siguiente destino fue el centro de la ciudad, lugar de la trascendencia urbana y el caos colectivo, a donde acuden los inconformes para manifestarse, donde los plantones se vuelven eternos, en Tuxtla todo pasa en el centro, es el centro; reducido y abnegado, angosto debido a su interminables remodelaciones inconclusas, lugar del ambulantaje masivo, de las cantinas clandestinas; reino y posada de las combis y el comercio.

“Ahí viví solo, rentaba un cuarto cerca de la casa de unos familiares, y estaba más chido, si me aburríanada más me salía a la calle a dar la vuelta”,recuerda señalando el lugar donde vivió dos años. 

“Me gusta más Terán, conserva más sus rasgos de pueblo, ves bicitaxis, las distancias son cortas y no está tan urbanizado” -enfatiza mientras se acomoda pensativo- “lo único que quizá no me gusta es la indiferencia citadina, no todos son amables”.

Huacalero capitalino

El foráneo es sigiloso en su principio, en tanto se adapta entra en la incertidumbre del presente, se siente desprotegido ante la urbe, sus estragos lo atrapan y consumen.  “Tuxtla es el corazón del Chiapas, una aldea escondida entre las hojas”,asegura Arístides Iván de Tapachula mientras piensa y piensa en como describir a la ciudad; le gustabavivir en la colonia Miravalle donde dice “conoció laverdadera esencia de la ciudad”, problemática y a veces conflictiva.

“Vivía por el libramiento norte, sucedían cosas todo el tiempo, accidentes, manifestaciones, robos”, precisa Arístides.

Foráneos hay de varios tipos, todos distintos, con un solo rasgo parecido, ser forajidos de una capital en el olvido. En una ciudad que parece ha perdido el sentido y la política está en retroceso.

El foráneo se inmuta y sorprende ante la estética de una ciudad caótica, el caos se le impone como un nuevo orden. “La ciudad que nunca dejaré de conocer, siempre conozco colonias nuevas” declarasobre su persona andariega y curiosa; su colonia favorita es Terán, donde ahora radica, debido a la calidez de su gente “es como un pueblito”, enfatiza.

Exaltado comenta que lo que más le sorprendió al llegar por primera vez a Tuxtla fue pasar por el Libramiento Norte, “ahí vi la ciudad desde el aire, me asombro por que en Tapachula eso es imposible” debido a lo plano del terreno,  y recuerda que por eso le gustaba vivir en Miravalle.

En busca de la seguridad pública. 

También los hay quienes vienen de ciudades más grandes y complejas, para ellos vivir aquí es como estar en un olimpo, hay más tranquilidad en el tráfico, más despreocupación en las labores cotidianas y sobre todo más seguridad pública; con un hablar serreño y un vestir fusión entre “godín” ymirrey, Zaim Germain de Balsas de Guerrero, charlaque vivir en Tuxtla representa el cambio más grande de su vida “allá el pueblo se rebeló pero en contra de los criminales, todos estaban armados por las calles” dice con crudeza en el rostro.

“No hombre”, si aquí se quejan, allá se mueren y literal” explica que fue debido al crimen organizado que su familia decidió salir de su pueblo de origen, “dejamos todo porque se calentó la zona; las cosas, la casa, hasta nuestra familia, ya no era vida”.

Comenta que fue gracias al hijastro de su padre que pudieron salir y venirse a vivir a la capital chiapaneca. 

Estos foráneos viven gozosos de una seguridad abstracta que a comparación de sus estados, es motivo de tranquilidad para ellos.

-Aquí está bien tranquilo, no se compara para nada a allá (Cuautla, Morelos)

-Pues yo no sé cómo sea allá, pero aquí la inseguridad ha aumentado.

Comenta Jocelyn Zamora a Diana en una reunión de reencuentro escolar. Cierto es que el tipo de violencia que se sufre en otras entidades del país es más intensa por lo menos Morelos y Guerrero ocupan lugar dentro de los 10 estados más inseguros con un promedio entre 17.4 homicidios y 37.7 homicidios por cada mil habitantes respectivamente.  

Aun así la capital chiapaneca ha tenido un aumentosignificativo en robos con violencia de 64.45 por ciento, de enero de 2015 a diciembre de 2018; es decir, asaltaron el año pasado a 65 personas por cada cien mil habitantes según el Observatorio Ciudadano de Chiapas un acto que va en escala y parece no detenerse.

Ahora es cuestionable el título de “Ciudad Segura” que recibió en el año 2000, la primera en México de las 231 metrópolis que hay en el mundo con esta clasificación.

Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) la percepción de inseguridad en Tuxtla Gutiérrez creció de 75.8% a 80.5% solo un veinte por ciento de los habitantes se siente seguros en la ciudad y al parecer, parte de ese porcentaje corresponde a los foráneos que no se rajan y viven y conviven en esta inestable cotidianidad.

Así ante la nueva vida que supone un cambio de residencia, el foráneo se acribilla; en las heridas duelen los recuerdos de la familia, del sabor del hogar o de un amor que quizás aquí no está, sangran sus dolores ante un calor abrumador y a cada paso cicatrizan lentamente; a sus recuerdos le salen callos ante esta cotidianidad volátil y abstracta que los absorbe. Sueñan con volver o sueñan con irse; viven soñando, son los soñadores de la capital.

Deja un comentario