Entre oraciones y ladridos, una inusual misa se desarrolló en San Roque que culminó con una bendición a mascotas, en su mayoría perros, pero a la cual también asistieron loros, hámsters, cuyos, cotorritas australianas, hurones y hasta una tortuga.

Los llevaron a misa y para ello sacaron sus mejores galas.

Unos 200 animales, en su mayoría perros, acudió con sus dueños a misa en el tradicional barrio de San Roque; sin embargo también llegaron hurones, cuyos, hámsters, cotorritas australianas, loros e incluso una tortuga. Muchos bien vestiditos, otros más solo con la correa o jaula.

Es la bendición de mascotas, que se realiza previo a la celebración a San Roque desde hace unos cuatro años. El sacerdote Francisco Javier Albores Teco lleva con ésta, dos años de realizarla y opina que las mascotas también merecen una bendición.

La idea de hacer esta misa es porque San Roque, según la leyenda, al padecer una enfermedad contagiosa, se internó en el bosque sin alimentos y sufriendo de dolores. Un perro se escapaba todos los días de su dueño para llevarle al santo un trozo de pan y fue así como San Roque pudo vivir. En su imagen, incluso aparece este perro a sus pies.

El sacerdote menciona que esta misa quizá no es del parecer de toda la gente, sobretodo porque durante la eucaristía hubo muchos ladridos, pero recordó que es válido porque en la creación los animales fueron parte importante.

Entre los asistentes llegó Rogelio Gómez Díaz, acompañado de su cuyo Peluda y su perra Rexi. El llegó en silla de ruedas debido a que años atrás se cayó y le afectó la columna. Este año llegó a orar porque en casa quedó un perro enfermo atropellado, de nombre Spay.

“Quiero que la gente sea más consiente, mis animales son como de la familia, me dan mucha tranquilidad, sin ofender a las personas son más nobles que las personas. Tengo tres cuyos y dos perros, los he traído desde hace tres años a la misa”.

Clowi llegó este año sin su dueña doña Blanca Moreno, una mujer grande edad pero que no descuida a su perrita, una chihuhua de 12 años que llegó en brazos de su familia humana. Clowi es una coqueta, que cada mañana arregla su dueña, le pinta las cejas, le pone pañal y hasta le pinta las cejas.

También llegó Mía, una señora que entre sus brazos llevó a su mascota Punki pero en un retrato. Aún la recuerda y abraza su retrato, murió hace dos años, ya tenía 15 años. Llegó para orar por ella y para recibir la bendición aunque sea en foto.

De acuerdo con el sacerdote, no existe registro de una misa similar en México, dedicada a las mascotas y en San Roque se espera que se continúe con esta bendición año tras año.

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