Hondureños cansados de esperar México les conceda refugio, se integraron a la Caravana

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Fredy Martín Pérez. / Niltepec, Oaxaca.

RE y JCC, de 31 y 36 años de edad, ambos nativos de San Pedro Sula, Honduras, solicitaron a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), que les conceda solicitud de refugio, pero ante la falta de respuesta, decidieron integrarse a la Caravana y aun en la espera del beneficio, uno de ellos fue detenido por el INM y expulsado a su país el pasado 3 de octubre.

RE, que pide no identificarlo porque es amenazado por la pandilla Barrio 18, comentó que inició su trámite el 12 de septiembre del 2018 y le pidieron que esperara 45 días para completar el proceso, pero el 3 de octubre fue detenido por el INM, en una calle de Tapachula y deportado a su país, el 4 de octubre, pero tres días después estaba de regreso a México.

Supo que en San Pedro Sula, Honduras se organizaba la Caravana del Migrante y entonces decidió integrarse a la caminata en Tapachula, porque de seguir en la ciudad fronteriza, el INM podía deportarlo de nuevo, con el riesgo de que los pandilleros los asesinen.

“La Comar no vale para nada. Es pura mentira lo que dice a uno; ya que hay que esperar entre tres, cuatro a cinco años para que nos den refugio”, dijo.

El hombre de oficio pintor, contó que esperar la respuesta de la Comar, “es desesperante”, todo porque en Tapachula no hay suficiente empleo y “el poco dinero que uno gana no alcanza para nada”.

Una vez que la Comar extendió el documento de trámite, dio parte al Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), que le extendió una tarjeta de débito donde le depositó 2 mil pesos cada mes, para poder sobrevivir en la espera.

El hondureño vivió durante dos años en Los Ángeles, donde ganaba 25 dólares por hora, pero en una ocasión que fue a visitar a sus amigos en Indianapolis, sufrió un accidente de tránsito causado por la nieve, por lo que fue multado con 250 dólares y deportado a su país el 22 de agosto del 2018.

Una vez en su país, tuvo que salir de nuevo ante las amenazas de muerte y buscó refugio en Tapachula, donde hizo el trámite ante Comar, pero ante la falta de respuesta, optó por integrarse a la Caravana, con el fin de llegar de nuevo a Los Ángeles.

JCC, de 36 años de edad, también de San Pedro Sula, pidió asilo al gobierno mexicano, a través de la Comar, pero ante la falta de respuesta lo obligó a integrarse en la Caravana el pasado lunes 22, cuando los más de siete mil centroamericanos salieron de Tapachula hacia Huixtla.

“Tuve temor que no me den el asilo y por eso me integré a la Caravana”, aseguró el hombre de oficio soldador que tiene el propósito de alcanzar los Estados Unidos, porque sabe que un “trabajador calificado puede ganar bien”.

El hondureño dice que salió de su hogar, porque los pandilleros le tomaron un predio, además de extorsionarlo constantemente para pedirle dinero y esto le provocó una psicosis, ya que cuando caminaba por San Pedro Sula, su temor era que los mareros lo siguieran para matarlo y por eso huyó a México.

Considera que aunado a la dilación de la Comar, los funcionarios “no te creen la versión que contás”, pero quizá “mintiendo talvéz si te dan el asilo”, agrega.

Sabe que de cada mil personas que hace el trámite de asilo ante la Comar, solo 100 se lo conceden. “Esto es un fraude”, explica JCC, que realizó su trámite el 5 de septiembre y acudió en tres ocasiones para firmar en la Comar, “pero no me resolvieron nada”.

Sabe que hay centroamericanos que llevan 18 firmas, en un promedio de nueve meses y aun no tienen respuesta de la institución mexicana.

Durante 52 días, JCC buscó trabajo en Tapachula, hasta que consiguió empleo en un taller de soldadura, donde percibía un salario de 100 pesos a la semana, con comida.

“Como sos extranjero no te dan un buen salario”, explica el técnico que cuenta tiene conocimiento de todo tipo de soldadura.

En espera del trámite, el ACNUR le entregó la tarjeta de débito con un pago de cuatro pagos por dos mil 500 pesos. “Yo estoy muy agradecido con el ACNUR. Esta institución sí ayuda y no te ponen trababas. Es gente que ayuda”.

La primera entrevista que sostuvo en el ACNUR fue el 27 de septiembre y a los diplomáticos les constó que era buscado por las pandillas en San Pedro Sula y por eso entró a México y durante varios días vivió en la calle, pero en su desesperación optó por integrarse en la Caravana cuando llegó Tapachula.

A 16 días de haber salido de su país, JCC dice que su sueño es llegar a los Estados Unidos para buscar trabajo en el oficio que sabe y apoyar a su esposa y dos hijas, que viven “en peligro porque estamos en un país donde no existe la seguridad”.

Antes de dormirse en una acera, el hondureño reflexiona: “Yo tengo 36 años y nunca había tomado una decisión como esta.

Ahora lo tengo que hacer obligado. Dios va abriendo camino para la gente. La bendición es para toda esta gente que va en la Caravana”.

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